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Aunque una pareja joven viva en un apartamento económico de 60.000 yenes y entre ambos tengan un ingreso medio de 250.000 yenes (ingreso anual de 3 millones) no es inusual en Japón que tengan un automóvil nuevo de 1.5 millón a 2 millones comprado a cuotas de 3 a 4 años y tengan aparatos de audio y un televisor digital con panel de plasma último modelo que cuesta de 250.000 a 350.000 yenes. Parece ridículo que en una situación así compren un televisor que supere el valor de un mes de salario pero así actúan los consumidores de hoy, en Japón.
El presidente del Grupo Seven & I Holdings, Toshifumi Suzuki, que aglutina al grupo de tiendas de conveniencia 7 Eleven, la cadena de supermercados Itoyokado, al grupo de almacenes de categoría Sogo y Seibu, Loft y demás empresas, señala en una entrevista realizada por la prestigiosa revista económica President (edición en japonés, abril de 2006) que más allá de las diferencias de ingresos que se observan en los consumidores, sea por el tipo de trabajo o contratación, un consumidor elige según la ocasión el lugar donde adquiere sus productos sin tener muy en cuenta el poder adquisitivo real sino el valor que le da a cada producto o servicio. Agrega que una ama de casa, aunque tuviere un ingreso bajo por trabajo eventual de 80.000 yenes por mes, a veces puede ir a una tienda de categoría y comprar una cartera de 200.000 yenes, ir casi todos los días al 7 Eleven para comprar alguna bebida y una vianda de 400 yenes, comprar artículos domésticas en las tiendas de 100 yenes, y junto a su marido ir al Bic Camera y comprar un televisor último modelo de 300.000 yenes.
Suzuki analiza que en un mercado consumidor donde la oferta supera la demanda y las demandas básicas están satisfechas, aunque no tuviere un ingreso y un poder adquisitivo importante si ven que un producto o servicio satisface un valor, un valor no económico en sí sino una satisfacción de vida, deciden comprarlo aún sabiendo que ese producto no refleja la capacidad de compra que verdaderamente tienen. Agrega que lo mismo pasa con los ahorros, pues si la gente joven no considera que el ahorro es valorable y útil por las bajas tasas, casi cero, es obvio que lo deriven a gastar en otras cosas que ofrezcan mayor satisfacción.
Algunos economistas critican esta aproximación que tienen de los consumidores pues están creando un nuevo modo de consumo que no promueve la responsabilidad ni la solidaridad social, presente ni futura.
De todos modos, la visión de Suzuki está basada en el análisis que hace de los 26 millones de consumidores que concurren por día a los diversos establecimientos comerciales del grupo. Convicciones ni argumentos no le faltan, y ya está preparando una nueva estrategia de mercado a través de las tiendas de conveniencia conformada por casi 11.000 bocas de venta, para satisfacer las necesidades de las personas de edad con viandas preparadas con menos sal y condimento, reparto a domicilio y servicios de atención personalizada y voluntaria a los jubilados que viven solo.
MUSASHI Nº 51 Año 2006, Enero-Abril.
(c) J. Alberto Matsumoto-IDEA NETWORK
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