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AHORRO Y PATRIMONIO

¿Ahorrar para mejorar los valores de los bienes patrimoniales o simplemente para aminorar las pérdidas?

Se dice que las familias japonesas ahorran mucho e incluso el secreto del éxito económico de la pos-segunda guerra dependió de los altos índices de ahorro. En la década del setenta se observaban tasas del 15% o más en el ahorro de las familias japonesas; aunque hoy en dia, según datos del 2002, apenas se llega al 7% (Estados Unidos es del 3.7%, Reino Unido del 4.7%, Alemania del 10.5% y Francia del 16%).

Las cifras oficiales señalan que una familia tipo posee un ingreso anual de unos 7.5 millones de yenes, una deuda de 6 millones y un ahorro equivalente a 12.8 millones. Dentro de este promedio, en el detalle de los ahorros se indica que el 57.9% son depósitos en efectivo en los bancos (35.8%) y en el correo (22%), el 30.2 % en productos financieros como los seguros de vida con ahorros que ofrecen cierto retorno y solamente el 7.5% en acciones, bonos de la deuda, etc.

El problema es que a pesar de tener importantes ahorros, por las bajas tasas de interés en los depósitos, por los vaivenes en el mercado accionario y la falta de costumbre en invertir en fondos que pueden ofrecer más rentabilidad, cada vez están perdiendo su valor patrimonial y mermando sus ahorros.

Encima, lo que los japoneses consideran como principal patrimonio que es la casa y el terreno están, salvo algunas áreas puntuales comerciales de Tokio y ciudades de gran empuje comercial del interior, perdiendo valor todos los años.

A diferencia de los países europeos y de los Estados Unidos en donde una casa o un departamento bien cuidado y arreglado logra mantenerse o mejorar su precio, en Japón por la estructura edilicia y el material que utilizan en 25 a 30 años ya no cumplen su función de habitat o aunque lo tengan ya tienen que pensar en poner varios millones de yenes en arreglarlo para mantener su condición mínima de vivienda. Esta es una de las razones que debe seguir ahorrando las familias japonesas mientras pagan el largo crédito hipotecario de 30 a 35 años.

Mientras los americanos y los europeos pueden destinar dinero para mejorar la casa y venderlo en 10 o 15 años a un muy buen precio (obtener hasta una ganancia), los japoneses tienen que pagar y ahorrar para vivir y si deciden venderlo en el transcurso deben destinar gran parte de sus ahorros para cancelar la deuda contraída. Los americanos por el valor agregado que le dan a sus viviendas activan su economía con un consumo (arreglo de la casa) que ofrece efectos multiplicadores a una gran parte de la economía, aunque tengan una tasa de ahorro que es la mitad de la de Japón.

Si no se logra una reforma estructural de las políticas de vivienda y del uso adecuado de la tierra no va a ser posible que los japoneses inviertan en algo productivo que active el consumo, pues aunque tengan una tasa importante de ahorro, gran parte lo deben destinar a pagar sus deudas, eventualidades, y en realizar arreglos futuros de sus viviendas para poder seguir viviendo y no necesariamente en las mejores condiciones.

Si la vivienda que es la compra más importante de toda familia no logra cuantificarse y cualificarse debidamente como un valor patrimonial son muy pocas las posibilidades de que las familias consuman y destinen sus recursos a cosas productivas que reactiven la economía.

© JAM-MUSASHI Nº44,2003/9-12

 
 
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