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¿Ahorrar o invertir?

A pesar de que muchos latinos se han acostumbrado a la estabilidad económica de Japón y han aprendido a confiar sus depósitos (cuentas de caja de ahorro común y plazo fijo) a los bancos japoneses, muchos no entienden por qué las tasas de interés son tan bajas (0.01 %). Son bajas porque el gobierno ha promovido mayores bajadas para aliviar el peso de las deudas, tanto del sector público como privado, y también, porque no hay demanda de crédito para inversiones u otros fines que requieran dinero prestado. Sin embargo, cuando uno quiere pedir prestado dinero en el sistema financiero no bancario, para fines particulares o empresariales de corto plazo, la tasa supera tranquilamente el 10 % anual (generalmente es del 25 al 30 %). El hecho de que la tasa de ahorro en los bancos sea baja, no significa que se puedan gozar del mismo nivel de tasas para los préstamos.

De todos modos, ahorrar no significa solamente tener dinero en un banco, sino también no permitir una depreciación de los bienes y evitar gastos innecesarios, por eso ahorrar es toda una ciencia que requiere estudiar todos los aspectos de la vida cotidiana. Si los ingresos aumentan más que los gastos fijos no es algo preocupante, pero en tiempos en donde el empleo es cada vez más inestable y los ingresos no aumentan en proporción a los gastos, es indispensable saber lo que se puede ceder y lo que no se puede.

Algunas consideraciones para ahorrar son:

(1) Revisar los gastos mensuales de agua, gas, electricidad y el nivel de consumo según las estaciones (por la refrigeración y calefacción). Evitar el consumo innecesario y racionalizar el uso de artefactos eléctricos poco indispensables.

(2) Revisar los gastos de teléfono, principalmente los del celular. Las llamadas internacionales se pueden suplir en parte con el uso del e-mail y el fax. Las llamadas efectuadas con el uso de tarjetas prepagas son más económicas que las realizadas a través de las compañías telefónicas. Aprovechar los planes de descuentos de cada compañía, el uso de MYLINE y demás programas combinables para obtener descuentos complementarios.

(3) Antes de comprar una vivienda, se recomienda calcular y comparar objetivamente la alternativa de seguir alquilando, pues la compra implica, además de los costos del crédito, gastos fijos en impuestos, administración del edificio, seguros contra daños materiales, reserva obligatoria para reparaciones, etc. Si se opta por alquilar se puede optar con tiempo a viviendas municipales o prefecturales de cierta categoría que ofrecen muy buen espacio y condiciones relativamente accesibles para el inquilino. En ciertas localidades además ofrecen subsidios de alquiler para fomentar el asentamiento permanente.

(4) Revisar los seguros privados y adaptarlos a las verdaderas necesidades de la familia. Partiendo de la base de que el seguro de salud y el aporte a la jubilación es obligatorio, los seguros privados que cubren parcialmente los gastos de accidentes, internación, operación, son necesarios para aliviar posibles tratamientos médicos prolongados. Si fuere posible, sería importante un seguro de vida para la pareja para afrontar situaciones límites en caso de fallecimiento de uno de los cónyuges. También se recomienda a los que están asegurados solamente al plan de jubilación nacional (kokumin nenkin) que amplíen su futura cobertura con una jubilación privada, aportando unos 20.000 a 30.000 yenes por mes. Aunque signifique un mayor desembolso no hay que olvidar que garantizar una mejor cobertura de salud y una jubilación más segura a futuro implica tranquilidad y menos gastos para eventualidades como enfermedad o muerte.

(5) Ahorrar no es solamente reducir o eliminar gastos, sino revisar y reducir los gastos innecesarios para aplicar los recursos a las partidas que puedan dar mayor seguridad en la vida. Por eso, saber aprovechar bien las deducciones sobre los ingresos para el cálculo del impuesto sobre la renta es una manera de aminorar la carga tributaria. Es una forma de ahorrar un gasto muy importante, que es el tributario. Si se aprovechan debidamente las deducciones del impuesto a la renta, además de pagar menos aminora la carga del impuesto a la residencia y del seguro nacional de salud. Para los que han comprado una vivienda, con la deducción por crédito hipotecario pueden quedar prácticamente eximido de pagar el impuesto a la renta durante varios años.

Por otra parte, invertir es destinar recursos para algo que en un futuro, inmediato o lejano, puede dar una mayor rentabilidad que el importe invertido. Si un ahorro a plazo fijo ofreciera un retorno del 5 %, obviamente no es mala inversión. Sin embargo, hoy en dia, eso no es posible. Comprar acciones o bonos de la deuda con retornos de 3 % al 5% es un negocio interesante, pero, todos los productos financieros, tengan la denominación que fuere, si bien pueden dar alguna rentabilidad, no garantizan el retorno del valor invertido si se produce una caída de esos valores. Por ejemplo, hasta hace poco los bonos de la deuda del gobierno japonés ofrecian aproximadamente un 2 al 3 % de interés, pero la falta de confianza en el mismo Estado está provocando caídas en el valor nominal de la deuda, Lo mismo pasa con las acciones. Para los que no conocen la volatilidad de este mercado o no están muy bien asesorados no es recomendableinvertir en estos productos, y aunque decidan comprar acciones o bonos, los expertos recomiendan que su importe no supere el 30 % de todos los bienes disponibles. Caso contrario, ante una pérdida puede llegar a ser fatal.

Otra inversión que siempre atrae es la compra de bienes inmuebles, o sea, terrenos y casas. No son pocas las familias latinas que por los ingresos que obtuvieron como dekaseguis en su momento (principios de la década del 90) destinaron parte de esos ingresos a la compra de algún terreno, casa o departamento en su ciudad natal o en la capital. Gracias a la inflación y los bajos precios de aquellos tiempos en sus países, con sus ahorros lograron adquirir varios inmuebles que se han transformado en una importante inversión. Sin embargo, quienes no realizaron una gestión racional de las mismas (escrituración, pago de impuestos, cobro de alquiler) y lo prestaron o cedieron a familiares que se dieron por regalado esos bienes, hoy están en disputas en los tribunales con el riesgo de perder todo o parte de esos bienes. Invertir en la compra de inmuebles para revenderlo o alquilarlo implica llevar una adecuada administración para obtener un retorno (beneficio) aceptable.

Para una familia con ingresos medios, invertir es, ante todo, cumplir con todas las obligaciones básicas y cubrirse ante posibles gastos ocasionales que puedan provocar mayores pérdidas. Por eso la importancia de los seguros públicos y privados que previenen y evitan desembolsos o cubren una parte importante de los gastos que pueden provocar los problemas de salud, daños materiales, fallecimiento, etc.

La otra gran inversión es la capacitación o formación profesional de la cabeza de familia y la de sus hijos. Si el padre de familia se esfuerza en aprender el idioma japonés y como consecuencia de ello logra acceder a los cursos internos de capacitación de la empresa que permitan mejorar sus ingresos y ganar estabilidad laboral, es indiscutible que se trata de una gran inversión. Lo mismo se puede decir de la educación de los hijos. Si destinan sus escasos recursos a una educación firme en el Japón, tarde o temprano podrán obtener algunos resultados, al margen de que opte por seguir una carrera universitaria. Lo importante es no dispersar energías ni recursos, algo que está sucediendo con los cursos paralelos que se desea dar a través de los programas de educación a distancia en español o en portugués. Sin menospreciar la identidad y la lengua materna, ante todo deben destinar todas sus energías en el aprendizaje del japonés y aprovechar todos los beneficios del sistema educativo japonés. Si logran destacarse en Japón, siempre quedan abierta las posibilidades de estudiar en el exterior, incluyendo en el país de sus padres, pero si no logran dominar ninguna de las dos lenguas o lo estudian a medias es muy posible que no redunde en ningún beneficio profesional.

Ahorrar para invertir, invertir para ahorrar, son dos propuestas que están íntimamente relacionadas y no son excluyentes. En tiempos inestables como estos, aunque el ahorro no implique mucha rentabilidad, si se logra mantener el valor de lo ahorrado ya es un logro. No hay que olvidar que los depósitos hasta 10 millones de yenes gozan de la garantía del Estado, por lo que aunque el banco quebrase, lo pueden recuperar; mientras que en las inversiones, si no se realizan con serenidad y conocimiento, se puede perder parte o todo o aumentar las pérdidas. Esa es la gran diferencia.

(MUSASHI N 31, Agosto de 2002)

 
 
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