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Si el aporte que realiza en un país es reconocido y computado en otro facilitaría la movilidad de los técnicos y ejecutivos de empresa y garantizaría una mejor jubilación a futuro. Sin embargo, la falta de compatibilidad y diferenciación en las modalidades de aporte hacen que todavía sea posible solamente entre los países industrializados y en el caso de Japón se ha logrado recién un acuerdo con el cuarto país, Estados Unidos. En estos últimos cuatro años se ha firmado con Alemania, Gran Bretaña y Corea del Sur, aunque al parecer en los próximos meses se logre acordar con Bélgica, Francia y las negociaciones con Canadá y Australia también están muy avanzadas. Otros países europeos como asi también Filipinas y Brasil han solicitado iniciar conversaciones para este tipo de convenios.
La doble aportación de los japoneses en el exterior estaba provocando aportes "que se perdían en el camino" por más de 600 millones de yenes con el agravante de que si no cumplian con los años de aporte obligatorio no podían cobrar ni un solo centavo de esa jubilación. Por ejemplo, en EE.UU para que un trabajador pueda cobrar la jubilación debe aportar el 15.3% del salario en concepto de seguro social y el tiempo mínimo de aporte para cobrar esa jubilación es de10 años por lo que si un japonés aporta en Japón 25 años y 10 años en EE.UU puede, a partir de ahora, cobrar de ambas cajas de jubilaciones cuando cumpla los 65 años de edad.
Es de entender que países como Francia posee convenios con más de 50 países y Estados Unidos con más de 20 países. En el continente sudamericano, las AFJP de Chile tienen convenio con Perú y otros países de la región.
Por el momento, por la falta de compatibilidad de los sistemas y la enorme diferencia de los ingresos per cápita es sumamente difícil pensar que Japón firme convenios de reciprocidad de los aportes jubilatorios (nenkin hokenryo nijubarai boshi kyotei/ shakai hosho kyotei) con países de Centro y Sudamérica por lo que más allá de las discusiones de reforma en el sistema jubilatorio y los incumplimientos de los políticos de ciertos pagos, los trabajadores latinos que viven y residen en Japón deben cumplir con los aportes jubilatorios para garantizar a futuro el cobro de la jubilación.
Se podrá discutir si el sistema no es la mejor y que la forma en que han administrado hasta ahora es pésima, cuyo despilfarro en obras suntuosas e inncesarias han dejado cuantiosas deudas que comprometen la estabilidad financiera para los pagos de las jubilaciones y que por ende, inevitablemente, habrá un aumento de los porcentajes en los aportes, pero para el trabajador medio o con escasos ingresos como es el caso de muchos extranjeros que trabajan en las fábricas si no aportan siquiera a la jubilación nacional (por ahora 13.300 yenes y en unos años más puede que aumente a casi 20.000 yenes por mes) no podrán gozar de ninguna asignación y la vida pos-retiro puede transformarse en una tragedia y una carga insoportable para sus hijos.
(c) JAM- MUSASHI-N 45, ENERO-ABRIL DE 2004.-
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