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En este último mes los medios han publicado de que varios ministros y legisladores tenían cuotas impagas del seguro nacional de jubilación (kokumin nenkin) por "dejar pasar o no darse cuenta" del cambio que había surgido en la categoría de asegurado cuando estuvieron en el gabinete o cuando pasaron del sector privado al público.
En momentos en que se discute reformas importantes en el sistema de jubilación para unificar los fondos y flexibilizar los pagos (facilidades), como hacer más severa las medidas contra los morosos, es de entender que los incidentes de los políticos no ha sido muy oportuno.
Sin embargo más allá de la responsabilidad política y social que se les puede imputar, ellos no son los afectados por el problema de la jubilación pues seguramente cuando cumplan sus 65 años van a tener su buena jubilación preferencial para legisladores (giin nenkin) y suficiente ahorro y bienes para gozar de su tercera edad.
El problema es de aquellos que están aportando en forma irregular por los cambios en el empleo reflejados en la precariedad y en bajos salarios, de los que no están aportando o aunque lo estén haciendo pueden que no cumplan los 25 años de aporte obligatorio para ser beneficiario de la jubilación, y de los que no están interesados o debidamente informados sobre la importancia de lo que significa aportar a un sistema jubilatorio.
Los trabajadores latinos que viven y trabajan en el Japón, tanto por su empleo precario como por su relación "en negro" con las contratistas, casi el 90% de los que están activos no aportan al seguro social (shakai hoken que incluye jubilación y salud) ni en forma particular a la jubilación nacional (kokumin nenkin). Los que vinieron a principios de la década de los noventa muchos ya han pasado sus 40 años de edad y se podría decir que aunque deseasen aportar a la jubilación están perdiendo esa posibilidad y es muy posible, como se preve, que muchos se queden sin ningún beneficio y tengan que pasar una vida de jubilado con penurias económicas y dependiendo de sus hijos.
Razones para no confiar en el sistema actual de Japón existen muchas y son justificables. Razones para confiar en el sistema de su propio país tampoco existen porque saben muy bien que es menos confiable que la de Japón.
Haciendo cálculos de mínima, si aportan 25 años a la Jubilación Nacional podrán cobrar unos 55.000 yenes por mes, o sea, unos 500 dólares cuando cumplan los 65 años de edad. Lo podrán cobrar en el país de origen o donde en ese momento opten vivir. Es muy posible que, aunque nadie puede preveer lo que puede pasar en los próximos 5, 10 ó 15 años, tener una jubilación de 500 dólares en cualquiera de los países de Sudamérica es una asignación nada despreciable que seguramente permita vivir mas o menos dignamente y mucho mejor que en el país más costoso del mundo.
Si tomamos este razonamiento, vale la pena reflexionar sobre este tema y tomar una rápida decisión. A diferencia de los que se "olvidaron" de pagar como ha sido el caso de los políticos y artistas de renombre, los trabajadores latinos no tienen mucha alternativa y los bienes patrimoniales que puedan cubrir sus necesidades pos-jubilación son escasas y muy limitadas.
(c) JAM- MUSASHI-N 45, ENERO-ABRIL DE 2004.
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