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Entre los días 7 al 9 de Julio pasado, en la bella ciudad canadiense de Vancouver, se ha realizado la XIIIº Convención Panamericana Nikkei-COPANI, que cada dos años aglutina a los líderes de las comunidades nikkei de todo el continente americano. En esta ocasión más de 300 personas participaron en este evento que además de ser un punto de encuentro entre los diversos dirigentes nikkei de cada país, es un ámbito de reflexión y aprendizaje de las experiencias ajenas para retroalimentar la identidad de los nikkei, para promover la integración de los japoneses y sus descendientes en las sociedades donde han optado vivir, y para pensar en las diversas alternativas que las particularidades y diversidades de los nikkei pueden ofrecer en su propia sociedad y en la región, como así también en su relación con el Japón.
Además de los eventos culturales, visitas guiadas al Nikkei Place, al Geriátrico modelo de los jubilados nikkei, a la Escuela Japonesa de Vancouver, etc., un coro conformado por señoras peruanas nikkei deleitó con canciones japonesas y en español a los participantes de la Convención. También hubo talleres en temas de la Juventud, Derechos Humanos, Negocios, Sociedad y Desarrollo Comunitario, etc. Por otra parte, abogados nikkei del Perú, Brasil y la Argentina, en calidad de miembros de la FOPAN (Foro Panemericano de Abogados, Jueces, Notarios Públicos y Profesionales del Derecho Nikkei) fueron recibidos por colegas canadienses nikkei de varios estudios jurídicos, entre ellos Davis & Company, para intercambiar impresiones y experiencias en diversos temas en común, acompañado de una visita guiada a la Suprema Corte del Estado de British Colombia, en donde fueron recibidos por el primer magistrado nikkei, David Masuhara.
La siguiente COPANI va a ser en el 2007, en la ciudad de San Pablo-Brasil, en coincidencia con lsos festejos pre Centenario de la Inmigración Japonesa de dicho país. Además de ser un interesante encuentro entre los dirigentes nikkei de todo el continente americano, es de entender que el desafio institucional de la Asociación Panamericana Nikkei es la de identificar las diversidades y las prioridades de cada región y/o país, la de difundir de manera más simple y comprensible las diversas realidades históricas de los inmigrantes japoneses y sus descendientes a las nuevas generaciones, tanto a los “inmigrantes nikkeis (llamados "dekaseguis")” que ahora residen en el Japón como a las "nuevos inmigrantes japoneses (llamados "shin issei")" que por diversas razones optan por vivir en el exterior, etc.
Hoy, los descendientes de tercera y cuarta generación integrados totalmente a la sociedad canadiense no tienen ninguna duda de que ser miembros plenos de una sociedad implica vivir orgullosamente como canadienses, adoptando sus lenguas (inglés y francés), sus pautas y costumbres, sus tradiciones y su cultura, por lo que, a diferencia de lo que ocurre en las comunidades nikkei de América Latina, poco se mantiene entre ellos el idioma y la cultura japonesa. Pero otro lado, se ha observado en estas últimas dos décadas una nueva corriente de japoneses, comerciantes, profesionales, etc, los llamados "shin issei", que han optado vivir en Vancouver y otras ciudades del Canadá y que han formado una nueva camada de "inmigrantes" que no dejan de ser un nexo importante con el Japón.
La historia de los inmigrantes japoneses en Canadá enseña y nos hace reflexionar que la excesiva concentración geográfica y solamente en determinadas actividades puede provocar fricciones y aislamiento con los nativos y demás comunidades extranjeras, y que bajo ciertas circunstancias históricas como la IIº Guerra Mundial pueden llevarlos a una situación de incomprensión que puede desencadenar, como de hecho lo fue, en una relocalización forzada con la consiguiente pérdida de bienes y la desintegración familiar. Ni los italianos ni los alemanes fueron, aún siendo considerados países enemigo de los Aliados, tratados de esa manera, pero los japoneses, aún los naturalizados como canadienses y algunos de los de segunda generación (nissei), fueron objeto de este tratamiento discriminatorio y arbitrario por parte de las autoridades. Algunos nikkei ofrendaron sus vidas durante la guerra aún sabiendo que se luchaba con el país de sus padres para aliviar esta penuria y demostrar que eran más canadienses que los propios. Esta experiencia es muy similar a lo que pasó en los Estados Unidos. A este efecto, una vez reinstalados y organizados sus vidas después de la guerra, en la década de los setenta iniciaron un reclamo formal ante las autoridades, dando sus frutos a finales de los ochenta con una disculpa oficial y compensación económica simbólica que ha permitido cerrar un capítulo muy triste para los japoneses y sus descendientes que emigraron a Canadá.
MUSAHI Nº 49 Año 2005, Mayo-Agosto
© J.Alberto Matsumoto-IDEA NETWORK
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