Se dice hay un poco más de dos millones de inmigrantes y los que están con papeles son unos 600.000 y los que no tienen, o sea están indocumentados, es más del doble de esta cifra. Para evitar la informalidad del mercado laboral y la segregación social de los inmigrantes sin papeles se ha implementado en estos meses una modalidad de regularización, cuyos resultados son más de los esperados.
La otra realidad es que en los ámbitos del trabajo rural (quintas de verduras y frutas), la construcción, los servicios de limpieza, los trabajos duros en los mercados y centros de abastecimiento, en los hoteles y restaurantes, en los servicios domésticos, etc., la presencia laboral de los inmigrantes, latinoamericanos, norafricanos y europeos del este, se ha hecho casi indispensable para su funcionamiento. Madrid que concentra cerca de 800.000 extranjeros, en las actividades señaladas, si no están los inmigrantes que hagan las tareas más duras y necesarias no tendrían verduras ni frutas en las negocios, no podrían mantener limpia la ciudad ni realizar las nuevas construcciones o refacciones de las viejas y, aunque parezca mentira, en muchos restaurantes y almacenes de comidas preparadas, no habría paella ni platos típicos. Aunque parezca una exageración, en ciertos rubros la presencia de los trabajadores extranjeros es casi vital, y tengan o no papeles, están.
Un tema que preocupa a la administración es que aunque tengan papeles (visado), muchos siguen trabajando "en negro" o los hacen trabajar de manera irregular y precario, por lo que desde el punto de vista tributario y de la seguridad social se está produciendo una evasión bastante importante.
El proyecto de regularización que ha implementado estos meses también ha sido en parte para corregir esta situación y obligar a los empleadores a pagar sus tributos y carga social.
Hasta hace algunas décadas y durante todo el siglo XX, de España han emigrado un poco más de 6 millones de personas, de los cuales el 65% se dirigió al continente americano, el 20% al resto de Europa y otros tanto se dispersaron en diversas partes del mundo.
Hoy, para mantener el desarrollo de parte de las actividades económicas, el 6% de la población es extranjera y al igual que otros países industrializados, España, también, sufre los dilemas de la baja natalidad, el envejecimiento, el desinterés de los jóvenes y desocupados en evadir las tareas duras y poco rentables, y los problemas de convivencia entre etnias culturalmente, a veces, muy diferentes.
M U S A S H I Nº48 - Año 2005, Enero-Abril
©J.Alberto Matsumoto-IDEA NETWORK
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