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La Argentina, al igual que muchos otros países, ha recibido desde la etapa de formación como Estado a numerosos inmigrantes extranjeros para poblar y desarrollar el país. Desde 1860 a 1920 ha ingresado al país más de 6 millones de migrantes, aunque muchos de éstos, al no encontrar las posibilidades de trabajo esperado o de emprendimientos agrícolas por cuenta propia que aspiraban, buscaron otros horizontes en otras latitudes por lo que no todos estos se establecieron en el país.
De todos modos, tal como lo demuestra el gráfico de abajo siempre hubo de un 3 al 4% de migrantes de países limítrofes como una constante y hoy ocupan un poco más del 60% de los extranjeros registrados en la Argentina.
Población de la Argentina y su composición de extranjeros (1869-2001)
| Censo |
Población Total |
% y Cant de Extranjeros |
Migrantes limítrofes (% sobre extranj) |
| 1869 |
1.830.000 |
11%(218.000) |
3% 54.900(25%) |
| 1914 |
7.900.000 |
32%(2.358.000) |
4% 316.000(10%) |
| 1947 |
16.340.000 |
15%(2.436.000) |
2% 326.000(13%) |
| 1960 |
20.070.000 |
13%(2.605.000) |
2.3% 461.000(17%) |
| 1970 |
23.265.000 |
9.5%(2.210.000) |
2.3% 535.000(24%) |
| 1980 |
27.315.000 |
7%(1.912.000) |
2.4% 655.560(34%) |
| 1991 |
32.560.000 |
5%(1.628.000) |
2.5% 815.000(50%) |
| 2001 |
37.283.000 |
4%(1.528.000) |
2.8% 1.044.000(64%) |
En el censo de 1991 se constató la presencia de 815.000 inmigrantes limítrofes de los cuales casi el 20% son bolivianos, pero en estas cifras no estaban incluídos los 700.000 que estaban de manera irregular. Hoy, esta proporción ha aumentado un poco más con el ingreso masivo de peruanos que en la época del peso-dolar 1 a 1 entraron como migrantes y se instalaron en el país, muchos de ellos sin la posibilidad de tramitar el respectivo visado de trabajo.
De todos modos, hoy se puede contabilizar unos 320.000 paraguayos, 230.000 bolivianos, 210.000 chilenos, 110.000 uruguayos, 90.000 peruanos y unos 30.000 brasileños; y de toda esta masa de migrantes el 63% vive en la ciudad de Buenos Aires y en el conurbano industrial bonaerense.
Si bien en el caso de los bolivianos siguen siguen prestando su fuerza laboral al trabajo agrícola en el noroeste argentino durante los tiempos de cosecha, hoy, muchos de ellos se han dispersado en zonas agrícolas de la provincia de Buenos Aires, en ciudades como La Plata y Escobar, para dedicarse de manera casi especializada a la horticultura.
La misma tendencia se observa en los chilenos que desde siempre se han instalado primero en las provincias de la Patagonia, pero muchos de ellos se instalaron en Buenos Aires o en ciudades de alta concentración económica como Comodoro Rivadavia donde se destaca la actividad petrolífera. Durante el régimen militar de Pinochet muchos buscaron refugio en la Argentina, aunque como el mismo país receptor estaba bajo un régimen militar no siempre lograron asentarse ni encontrar la tranquilidad que buscaban.
En el caso de los paraguayos, son más mujeres que prestan servicio como personal doméstico en las familias de altos ingresos de Buenos Aires y otras ciudades. Y en el caso de los peruanos es una migración nueva que surgió a principios de los noventa, dedicándose a trabajos pocos calificados y duros con un alto porcentaje de irregularidad.
De todos modos, sea la nacionalidad que fuere, como ha sido en el caso de los uruguayos, muchos han logrado asentarse y dedicarse también al comercio y a actividades del sector servicios de manera independiente.
A pesar de hablar el mismo idioma castellano y poseer pautas culturales en común, obviamente haciendo las salvedades del caso promovidas por su historia, tradición, composición social, nivel de educación recibida, etc., no siempre la integración y la convivencia con los nativos argentinos, que de hecho también son descendientes de inmigrantes, no ha sido tan armónica como muchos piensan ni han sido vistos como parte del crisol de razas que la Argentina señala como parte de su identidad social.
Desde la década de los ochenta varios investigadores sociales han realizado estudios y relevamientos desde distintas aproximaciones y se pudo detectar que en las ciudades o pueblos de alta concentración de migrantes limítrofes existen problemas difíciles de resolver y tensión en la convivencia cotidiana, como consecuencia de falta de medios para atender las diversas necesidades (esta situación no es solamente con los migrantes sino también con los pobladores locales), la irregularidad o no existencia de documentaciones para regularizar a algunos migrantes y las limitaciones económicas de éstos en realizar los innumerables trámites, etc. En todas las localidades donde se concentran demasiado los extranjeros no es tarea sencilla la convivencia cultural o étnica, como suelen decir algunos, si es que este concepto es el más adecuado o no para comprender el problema de la convivencia.
MUSASHI Nº 54 -Enero/Abirl de 2007
(c) J.Alberto Matsumoto-IDEA NETWORK
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