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Según las estadísticas de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM-IOM, su sigla en inglés) y de la OCDE-Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico, en base a cifras relativamente confiables, solamente durante el año 2000 emigraron unos 170 millones de personas en todo el mundo, sin incluir los estudiantes.
En este movimiento migratorio el 40% se ha establecido legalmente en los países industrializados y el resto, aunque parezca contraditorio, se han instalado en países en desarrollo o de desarrollo intermedio. Solamente en los Estados Unidos se aprueban casi 1.3 millón de visados temporarios y casi 1 millón de residencias permanentes, aunque la presencia de indocumentados supera los 10 millones; mientras que en Europa los últimos son unos 3 millones y en Japón un poco más de 200.000.
A pesar de que los que promueven la inmigración como forma de mantener la reducción poblacional y escasez de mano de obra semi-calificada la realidad demuestra que al menos en los países europeos la tasa de desocupación de los hijos de inmigrantes con poca formación académica supera el 20% y en algunos distritos superan el 30%, como lo ha señalado los hechos de noviembre pasado en Francia. A pesar de que al parecer existe una necesidad de mano de obra joven que esté dispuesta a trabajar en actividades o tareas duras y poco calificadas, las posibilidades de ubicación de los desocupados se disipan y se distancian más de la demanda laboral de las empresas máxime si se trata de empleos precarios y temporales. No en vano son las protestas estudiantiles en Francia que rechazan la entrada en vigencia de una ley que promueve flexibilizar el período de aprendizaje y los despidos durante dicho tiempo.
Por otra parte, la otra contradicción está en que un inmigrante poco calificado o hijo de inmigrante, por más que tenga la nacionalidad del país donde reside, no consigue ubicarse laboralmente en la especialidad deseada ni obtener un paga digna o promociones luego de ser contratado.
Tal vez, las mismas contradicciones y caprichos de los países desarrollados es lo que esté provocando que el 60% del movimiento migratorio se concentre en los países en desarrollo.
MUSASHI Nº 51 Año 2006, Enero-Abril.
(c) J. Alberto Matsumoto-IDEA NETWORK
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