La presencia de hispanos en los Estados Unidos es un hecho que ningún político puede obviar y, por ende, muchas de las políticas públicas de los Estados toman en consideración a esta enorme población de casi 40 millones, que cada vez aumenta, tanto por los que llegan, legal o ilegalmente, y por las familias que se forman en los mismos EE.UU. Las empresas proveedoras de alimentos y servicios buscan captar este segmento consumidor adaptando los gustos, los sabores, los colores y las preferencias.
A pesar de las restricciones migratorias, al año, de alguna manera, llegan unos 300.000 a 400.000 hispanos, empezando por los mexicanos que lindan una extensa frontera, y a través de ella y demás puestos fronterizos, incluyendo puertos y aeropuertos, hispanos de la región Centroamericana y Sudamericana. Se dice que entre los que ya están totalmente establecidos desde hace varias décadas atrás, regularizados su situación, y los que han llegado en esta última década suman 40 millones y eso implica el 14% de la población total de los EE.UU. Y esta tendencia al parecer va a continuar en la medida que los países de la región latinoamericana no mejoren su situación económica y las posibilidades de progreso.
En algunos Estados y condados se están ofreciendo viviendas económicas destinadas exclusivamente a esta enorme comunidad que no deja de consumir y consume mucho más que otras, como la africana o la asiática. A pesar de que muchos todavía trabajan en tareas no muy calificadas y empleos precarios con un salario mensual básico de unos 2.000 dólares, una vivienda de U$S 80.000 con un crédito hipotecario de 15 años es viable acceder.
Sin embargo, preocupaciones no faltan. Uno es que a pesar de la gran demanda de mano de obra relativamente barata y flexible, la tasa de desempleo de los hispanos es más alta, de 6.8% (2004), que la general que es del 5.5% (la de los blancos es del 4.8%). El otro elemento que a veces motiva fricciones de convivencia es que los hispanos están ocupando esos puestos de trabajo que expulsan de alguna manera a los de la comunidad negra y en ocasiones a los inmigrantes asiáticos de reciente llegada, pues los latinos están muy presentes en la construcción y en los servicios gastronómicos (restaurantes y afines). Y finalmente, justamente por la conducta consumidora que tienen, sus ahorros son escasos por el consumo in situ y por las remesas que envía a los que están en el país de origen, por lo que los que el 54% de las familias hispanas, que son los que han adquirido una vivienda a plazos, deben asignar casi la mitad de sus limitados ingresos al pago de los créditos (inmueble y mueble (vehículo)). Los expertos en finanzas alertan de si aumentan las tasas de interés, muchos de los bancos prestamistas van a empezar a cubrirse de los morosos y futuros incobrables por lo que pueden llegar a presionar a estos hispanos que adelanten sus pagos u ofrezcan garantías complementarias que restrinjan sus gastos cotidianos.
De todos modos, la comunidad hispana en su conjunto, con todos sus matices, es pujante y no es una pequeña comunidad ni una minoría ignorable, sino un estrato poblacional que los mismos Estados Unidos, como país, está buscando cómo capitalizarlos, cómo hacerlos progresar y cómo cobrar más impuestos y seguridad social, pues esta mano de obra joven y con ganas de progresar puede que cubra en parte los baches financieros que pueden llegar a tener en un futuro no muy lejano.
M U S A S H I Nº48 - Año 2005, Enero-Abril
©J.Alberto Matsumoto-IDEA NETWORK
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