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Reconstruir la vida social y laboral en Japón

Publicado en MERCADO LATINO -Diciembre/Enero de 2009
http://www.mercadolatino.jp/inicio.html

El 2009 ha sido para toda la comunidad peruana y la latina en general, un año especial porque, de una u otra manera, la crisis económica los ha afectado y hecho reflexionar del lugar que ocupan en esta sociedad, de las necesidades que realmente tienen, de los beneficios que pueden gozar en el sistema japonés, de las expectativas que pueden haber en el Perú, y más precisamente, de cómo pueden y organizar sus vidas para un futuro más estable y predecible; más allá de que sea difícil predecir muchas cosas.

Durante el año que ha pasado, diversas entidades y la misma Embajada y Consulado General, tanto el de Tokio como el de Nagoya, han organizado seminarios de negocios y diversas charlas para conocer mejor la realidad al que se enfrentan y motivar las posibilidades en el Japón como en el país de origen. Se podría decir que nunca hubo tantos eventos de negocios y no son pocos los que, a pesar de las adversidades del mercado consumidor, se animaron a emprender un negocio. Otros, tuvieron que cerrar lo que tenían porque ya venían administrando para un desenlace que era más que obvio. La crisis les hizo ver los “números” y se dieron cuenta que no cerraban ni pagar los gastos fijos.

Tampoco, no son pocos los que optaron por irse del Japón, casi definitivamente, cobrando el Subsidio Público de Retorno (kikokushien jigyo), pues sus ahorros habían tocando fondo, al menos así lo declararon, pues se han dado casos donde dejaron las deudas tributarias y de seguro de salud impagas del municipio y dejaron el país cobrando este subsidio. Lo mismo, se puede decir de los que se declararon en quiebra judicial (jiko hasan) o se fueron de Japón dejando enormes sumas de la deuda hipotecaria y de las tarjetas de crédito.

Pero, muchos otros, con el seguro de desempleo lograron un respiro porque el mismo gobierno flexibilizó los requisitos de cobro y blanqueó en parte las cuotas impagas de las contratistas, facilitando que con solo seis meses de aporte cobren el seguro. Dentro de este contexto, el Ministerio de Trabajo implementó programas de idioma japonés para facilitar la reinserción laboral; aunque, en este programa se registró, lamentablemente, un abandono promedio del 40%. Paralelamente, muchas aulas de las asociaciones de intercambio internacional e instituciones particulares se vieron colmado de peruanos y demás latinos interesados en mejorar su nivel de japonés.

Y los que a pesar de todos los esfuerzos no lograron conseguir siquiera un trabajo temporal o no están, por alguna enfermedad o situación compleja, en condiciones de buscar trabajo, están recibiendo la ayuda de subsistencia (seikatsu hogo) en la municipalidad, que es el último recurso para sobrevivir en esta sociedad; aunque, se ven casos de abuso en el cobro y en realidad estafa al Estado.

De cualquier manera, el sistema les ha dado cierta tranquilidad y funcionó mucho mejor que en otras latitudes del mundo donde la tasa de desempleo es más del doble que el de Japón y no existen tantas ayudas públicas de manera contínua y a veces simultánea para sobrellevar una difícil situación donde los afectados no son solo extranjeros, sino también los mismos ciudadanos japoneses.

Hubo innumerables gestos de solidaridad entre los latinos que merecen ser resaltados y, en lo institucional, un grupo de dirigentes peruanos se reunieron varias veces para constituir lo que se llamó el Consenso de Hamamatsu, un documento con reflexiones y peticiones al gobierno japonés. Con sus aciertos, deficiencias y omisiones, pensaron a su manera lo que consideran una necesidad; aunque, queda la duda de si es realmente un “visión consensuada” de todos los peruanos o una melange de aspiraciones e intereses confusos de algunos.

En una palabra, hubo mucha actividad, mucha información y mucha “campaña”, por decirlo de alguna manera para asumir una situación y sobrellevarlo de la mejor manera.

Muchos se han dado cuenta que, aunque, el Perú o el Brasil ofrece cifras macroeconómicas extraordinarias eso no significa que los empleos y los buenos salarios no son para ellos. A pesar del ímpetu económico y las buenas expectativas, diez, quince años en Japón es mucho tiempo para retomar el “ritmo de vida” que dejaron antes de venir a este país. Los que tienen hijos, es mucho más complejo. El Perú que dejaron ya no es el Perú de ahora, no es tan fácil de “domarlo” poniendo un negocio con el viejo pensamiento de antes; con un poco de dinero, bastante trabajo y dedicación, ya no es suficiente. Es necesario un buen trabajo de marketing, bastante dinero, mucho conocimiento y estrategia. Y desde luego, mucho trabajo, mucha dedicación y saber escuchar a los demás, principalmente a los profesionales de cada especialidad.

Los que han trabajado en fábrica o en construcción durante años en Japón no tienen esta modalidad de trabajo. Además, los parámetros de competencia en el Perú ya son tan sofisticados como en Japón.

Se hace necesario reconstruir valores y pautas de vida en Japón como en el Perú, si deciden retornar. La crisis les ha hecho ver lo que pueden o podrían hacer y las limitadas posibilidades que tienen en cada ámbito o ambiente social y laboral. Si deciden seguir en Japón, tienen que empeñarse en aprender más el idioma japonés, por lo menos el hablado y desempeñarse más por sí solo. Las contratistas, si la actual administración Hatoyama aprueba la reforma de la Ley de Despacho de Personal Eventual (rodosha haken-ho), no podrán ubicar más personal externo en las fábricas con el argumento de promover más la contratación directa. Eso sería lo ideal, pero para que haya más contratación es necesario que la economía se reactive y genere empleo, algo que por la deflación y el yen sobrevaluado, se torna lento.

Un tema que sigue preocupando es que muchas familias están sobreendeudadas en casas y coches, y, hasta ahora, no invirtieron lo suficiente para sí ni en la educación de sus hijos; y todo esto, es lo que está dificultando el rumbo a tomar, generando más conflictos y fisuras en el seno familiar. Hay, según cuentan los consejeros que atienden en municipios y centros de atención a extranjeros, un incremento de consultas sobre divorcio, negación de paternidad, reconocimiento, alimentos, extracción de menores sin autorización, separación de bienes y de deudas, etc.

Reconstruir es asumir las limitaciones, aprovechar mejor lo que el sistema ofrece, integrarse más para conocer mejor las virtudes de la sociedad, y más que nada, reordenar lo que tienen y reorientar los esfuerzos para ofrecer lo que realmente tienen.

Y para los que hicieron más o menos bién las cosas hasta ahora, creo que han podido constatar que no estaban muy equivocados en el rumbo y las decisiones que tomaron. Son los que sus hijos han terminado felizmente la secundaria superior (koko) y que, en algunos casos, siguieron y hasta terminaron la universidad; también, los que compraron una casa no muy cara o usada o los que invirtieron en inmuebles en el Perú y más que nada, los que con cierta convicción, desde luego con sus incertidumbres, están llevando una vida saludable y con ciertas perspectivas. No son muchos, pero tampoco son pocos y son muchos más que los que, a veces, reclaman de manera desprolija y desacertada; sin decir, antes, “gracias, arigato”, como debe ser el primer paso para una buena integración y un lugar en la sociedad donde han emigrado.

MUSASHI Nº 62 - Año 2009, setiembre - diciembre

 
 
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