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"El laberinto dekasegi"
por Enrique Higa/IPC JAPAN, LIMA-Perú
Autorizado su publicación en MUSASHI por IPC y por el autor.

Esta nota describe de manera muy didáctica la incertidumbre "POS DEKASEGI". Vale la pena reflexionarla, pues todos los que han vivido y siguen viviendo en el exterior sienten de alguna manera estas dudas, estas nostalgias y estos miedos. J.A.Matsumoto

Enciende el televisor. Tiene más de 80 canales pero se aburre. Ya se acostumbró al aburrimiento. Zapea incesante, frenéticamente, como si su vida dependiera de la rapidez de su pulgar. O se deja absorber por un programa, petrificado, con los ojos extraviados. Las imágenes lo han hipnotizado. Pero en realidad no presta atención porque se ha abandonado.

No hace otra cosa más que ver televisión. Recuerda con amargura que cuando estaba en Japón, trabajando 12 horas diarias, al borde del estrés, soñaba con no hacer nada. Acostarse sin tener ninguna obligación a la mañana siguiente, levantarse sin plan que cumplir durante el día, ver televisión.

Ahora tiene todo lo que soñó durante tantos años pero se muere de aburrimiento. No tiene compromisos laborales, lo le falta dinero, no le debe explicaciones a nadie, es tan libre como el viento y el mar, pero la inactividad lo está consumiendo.

Hace un año llegó al Perú. Sus seres queridos festejaron su retorno. Durante dos semanas anduvo de celebración de celebración, aunque no tan intensamente como la primera vez que volvió de Japón, cuando se bebió toda la cerveza de Lima y no dejó night club sin visitar, comportamiento típico de todo dekasegi joven que regresa por primera vez al Perú.

Esta vez era distinto. No en vano transcurren los años. Ya no quería juerguear, sino establecerse definitivamente en el Perú: abrir un negocio y disfrutar de la compañía de su familia y amigos.

Cuando su presencia en Lima perdió el atractivo de la novedad, todo volvió a la normalidad. Normalidad para el resto, no para él, para quien todo constituía novedad. Pronto se dio cuenta del cambio.

Normalidad significaba rutina, y rutina significaba vida sin él. Después de agasajarlo con almuerzos y reuniones, sus parientes y amigos habían vuelto a vivir como lo hicieron durante los 10 años que él estuvo en Japón. Se habían acostumbrado a prescindir de él.

El inmigrante comete el error de creer que a su retorno al Perú va a encontrar los afectos personales tal como los dejó, como si estos fuesen inmunes al afecto corrosivo del tiempo. Todos se alegran de verte pero nada más, porque la vida continúa. Nadie te va a querer como te quiso anates, salvo tu familia. Búscate nuevas querencias.

Sus primeros meses de inmovilismo no preocupan a nadie. Tiene derecho a descansar, a no hacer nada, decían sus allegados. Que se relaje, que se quite todo el cansancio acumulado durante una década de duro trabajo.

A los 6 meses se activó la primera señal de alarma. Ya debería estar haciendo algo, se dijeron sus padres. Cuando le preguntaron qué pensaba hacer con su vida, él contestó que aún no lo sabía, que de repente compraba un departamento para alquilarlo, que tenía que meditarlo bien porque una mala inversión podía hacer agua su dinero, etc.

Pero los meses en blanco no tenían cuándo acabar. Ultimamente, cuando sus padres indagaban sobre su futuro, él se molestaba. Dejaron de hacerlo para no incordiarlo. Pronto su porvenir "post dekasegi" se convirtió en un tema tabú. Todo el mundo hablaba a sus espaldas, hasta que su situación dejó de interesarle a los demás.

Soy un mueble más, piensa él. Estoy vegetando frente al televisor. Tiene miedo de arriesgar su capital, pero más miedo tiene porque siente que en el Perú no hay lugar para él. Es la pieza sobrante de un rompecabezas que se ha armado sin él.

Como no hace nada no tiene nuevos amigos. Casi no sale para no gastar, no quiere ni pellizcar sus ahorros, tanto que le costaron. Es lo único que tiene porque no genera ingresos. Pero un día pensó, qué absurdo, ahorré y me ajusté tanto el cinturón en Japón para gozar en el Perú. Pero no goza nada y le duele cada dólar que se va porque es un dólar que no tiene suplente.

El miedo no solo lo ha paralizado, también ha anulado su voluntad. No solo no sabe qué hacer; en realidad, no quiere hacer nada. Hasta levantarse para ir a comer le cuesta una enormidad. El, que ni enfermo faltaba al trabajo.

Pensó en volver a Japón, donde no se devana los sesos preguntándose qué hago, qué hago, qué hago. En Japón trabajas y punto. En ese aspecto, la vida es más simple. Pero no puede volver. Ya ha dejado demasiado sudor, demasiadas lágrimas y algo de sangre en Japón. Esa puerta ya se cerró para él. Pero la puerte del Perú no se le abre del todo, está con un pie adentro y otro afuera.

Si en Japón ya no tengo lugar y en el Perú no encuentro nada, ¿cuál diablo es mi lugar?, se pregunta. ¿Qué soy? ¿Un ex dekasegi? ¿Un ex dekasegi que debe volver a ser dekasegi? ¿Dónde debo estar? Demasiadas preguntas sin respuestas.

No recuerda cuándo se le ocurrió el entusiasmo y comenzó a dominarlo el miedo. Poco a poco dejó de leer la sección económica de los diarios, de conversar con familiares y amigos sobre planes de negocios, de recorrer cada metro cuadrado de Gamarra, la zona comercial del Cono Norte, el Parque Industrial de Villa El Salvador, de registrarlo absolutamente todo con acuciosidad.

Las advertencias de sus amigos en Japón saltaron como liebres: no te vas a acostumbrar, en el Perú todos los dekasegi que han puesto negocio han fracasado; cuídate de la gente que te va a pintar pajaritos en el cielo solo para sacarte plata; el Perú ya no es para nosotros, te guste o no nuestro destino es Japón ...

Está empezando a darles la razón a sus amigos. No solo es el miedo a perder sus ahorros. El Perú le resulta hostil, ajeno, incomprensible. Está harto de que lo miren como un bicho raro. Está harto de la tristeza, el desánimo, la compasión burlona. En Japón renegaba de estar esclavizado al trabajo, pero por lo menos pertenecía a algo, había un sitio para él. No hay nada más doloroso que sentir que no perteneces a ningún lugar. Ya sé lo que tengo que hacer, piensa. Apaga el televisor.

MUSASHI Nº 55 -Mayo/Agosto de 2007
(c) J.Alberto Matsumoto-IDEA NETWORK

 
 
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