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Junto al debate de la disminución de la población está la del aumento de la población de la tercera edad. Casi sin excepción alguna afirman que ambos fenómenos van a repercutir negativamente en la economía de Japón y que para superar esta situación se va a requerir de más aumentos en los impuestos y en las cargas sociales.
Sin embargo, aunque en parte sea inevitable, todavía no se observa una discusión más constructiva de cómo se puede capitalizar mejor la mano de obra ociosa y mal aprovechada de las mujeres, de los jóvenes y de los retirados o jubilados.
En el caso de los retirados, por el actual régimen jubilatorio, si los ingresos superan una determinada cifra sufren importantes reducciones en el valor de las jubilaciones, por lo que muchos optan por trabajos temporales y de pocas horas, tareas poco calificadas que no permiten canalizar ni retroalimentar las experiencias ni los conocimientos adquiridos durante su vida activa para toda la sociedad.
La mayoría de las empresas japonesas estipulan en sus Reglamentos de Empresa (shugyo kisoku) la edad de 60 años para el retiro. De hecho, no son pocas las empresas que pasado los 50 años empiezan a adelantarle el retiro a cambio de una paga mayor para evitar los altos costos de personal que exige pagar a los calificados que tienen antiguedad; pues hasta ahora, al menos en las grandes empresas, sean del sector manufacturero o no manufacturero (comercio, servicios, etc.), han venido optando por el empleo permanente y los ascensos por antiguedad, más allá de que su productividad no haya sido muy alta.
Sin embargo, hoy, para estar a la altura de los niveles de competitividad internacional, las empresas optan por despedirlos en forma anticipada o a contratarlos después del retiro en condiciones, a veces, poco atractivo.
A pesar de que la disminución de la población es una tendencia inevitable, existe una importante mano de obra que no está bien aprovechada, como es el caso de los retirados que trabajaron en el ámbito administrativo, aunque también es cierto que muchos de éstos no poseen los conocimientos técnicos y especializados actualizados ni manejan los instrumentos de la tecnología de la información.
Por otra parte, en el sector manufacturero, existe el problema de que los "operarios especializados y veteranos" no siempre han sabido transmitir sus conocimientos a las nuevas generaciones porque no ha habido un mecanismo idoneo para motivar a los que entraron después.
Si no son capaces de resolver estas cuestiones básicas y no fomentan un mercado laboral más dinámico que premie el esfuerzo, la transferencia de conocimientos, la capacitación y adecuación de los administrativos, de motivar en los pagos sin mermar los cobros de las jubilaciones, etc., es muy probable que aunque hagan ingresar mano de obra calificada del extranjero, a la larga no se pueda aprovechar mejor a los que están capacitados ni retroalimentar a los que vienen de afuera.
M U S A S H I Nº46 - Año 2004, Mayo-Agosto
©J.Alberto Matsumoto-IDEA NETWORK
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