El gobierno sostiene que se mantendrá en crecimiento cero, pero muchos analistas y economistas auguran que puede llegar a ser negativo. Si bien esto no significa que ningún sector de la producción crezca, lo que sí es cierto es que el sector manufacturero-exportador y la construcción, que hasta ahora fueron los que lideraron el desarrollo de este país, no tienen más remedio que realizar fuertes cambios estructurales.
El exceso de dependencia al mercado norteamericano hace que muchas manufactureras sientan los efectos de la recesión estadounidense, y la revisión y consiguiente reducción de las partidas en obras públicas hacen que repercutan a las firmas constructoras y a sus subsidiarias (pequeñas y medianas proveedoras con fuerte arraigo en cada región o prefectura). Hay un fuerte debate de si se debe priorizar las reformas estructurales del Estado y de la economía para reducir la enorme deuda pública y dar impulso a nuevas actividades productivas o infundir más dinero público para evitar quiebras de bancos y empresas que hagan deteriorar aún más el consumo interno, activar obras públicas para crear más empleo, etc. que en última instancia prioricen el crecimiento de la economía para luego dedicarse a las reformas estructurales. Ambos tienen sus argumentaciones válidas, pero un país que no puede incrementar más su deuda interna y que sin esas reformas no puede recrear nuevas actividades, si no se llevan a cabo reformas que eviten mayores erogaciones supérfluas o poco prioritarias es muy difícil salir de este escollo.
Desde la ruptura de la burbuja a principios del 90 el Japón no ha logrado salir de su crisis y de su tendencia deflacionaria. A pesar de intentar diversas recetas que implicaron enormes erogaciones de dinero público ninguna ha resultado y lo único que han hecho es postergar los cambios exigidos y los reclamos de la ciudadanía. Koizumi intenta superar la crisis con un costo social muy elevado (las reformas están y van a implicar más desempleo, empleo precario, cierre de corporaciones públicas y quiebras de muchas empresas), pero aún así la ciudadanía le presta su apoyo o al menos muestra comprensión, pues muchos saben que no existen muchas alternativas y el viejo modelo de canalizar las demandas y satisfacerlas ya está agotada para las actuales circunstancias.
(Boletín MUSASHI Nº25, ,FEBRERO 2002. Copyright (c) Consultora IDEA NETWORK)
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