| Siempre se habla de que los trabajadores extranjeros, incluyendo obviamente a los latinos, están dentro de un mercado laboral marginal y precario. Sus contratos son cortos y supeditados a los esporádicos cortes de personal, no gozan de muchas asignaciones extras como de los premios anuales (aguinaldos) o por productividad ni de licencias pagas, no están sujetos a promociones ni ascensos por antiguedad o servicio, están sujetos a incumplimientos patronales en las cuestiones de seguridad social y protección laboral (seguro de desempleo y contra accidentes de trabajo) y por si fuera poco el salario es bajo y no gozan de ninguna paga al momento de retiro, aunque trabajasen 10 ó 20 años en una misma empresa. También se puede decir que, por las limitaciones en el dominio del idioma y la poca preparación técnico-profesional (aunque lo tuvieren no siempre es aplicable esos conocimientos ni apreciado debidamente su experiencia) no pueden acceder a trabajos calificados ni a cursos de capacitación que ofrecen las mismas empresas, asociaciones empresariales y escuelas públicas de formación profesional (estos cursos son solamente en japonés y generalmente deben rendir exámenes escritos).
Sin embargo, en Japón, cuyas empresas se han destacado por adoptar el sistema de empleo vitalicio o al menos a largo plazo, la capacitación interna, los ascensos por antiguedad, etc., están cada vez más dependiendo de un núcleo muy reducido de planta permanente y el resto de personal eventual, temporal o por contratos esporádicos. Según las estadísticas más recientes del Ministerio de Sanidad y Trabajo señala que actualmente son 11.000.000 los trabajadores a tiempo parcial (part time), 1.000.000 los que trabajan por agencias de empleo eventual (generalmente son calificados y el 80 % son mujeres que han dejado su empleo estable al momento de contraer matrimonio) y unos 2.500.000 de jóvenes que trabajan sin una modalidad contractual fija (llamado freeter).
La población laboral de planta permanente, aunque cada vez menos segura y garantizada sus puestos de trabajo, son 36.300.000 personas, lo que implica que casi el 30 % de la población laboral activa se encuentra en una situación muy precaria. Esta diferenciación en el trato entre los fijos (seiki rodosha) y precarios (hi seiki rodosha) está provocando y constituyendo un mercado consumidor cada vez más endeble y diferenciado en cuanto al poder adquisitivo. También se percibe una desprotección en la parte médica y en la jubilación, o sea, los mismos dilemas y limitaciones que tienen los extranjeros los tienen el tercio de la población laboral japonesa.
Si no se implementan mecanismos más flexibles para una cobertura social integral, tratamientos tributarios más equitativos y controles más rigurosos antievasión hacia los empleadores no va a ser posible que Japón mantenga su nivel de vida conquistado en los últimos decenios de esfuerzo mancomunado, disciplina laboral y políticas incentivadoras del empleo estable.
(Boletín MUSASHI Nº16, ,MAYO 2001.
Copyright (c) Consultora IDEA NETWORK)
|