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En la década del ochenta se dijo que Japón había logrado su gran expansión económica gracias al alto nivel de ahorro interno que permitió a las empresas y al gobierno captar esos depósitos de los particulares para destinarlo a inversiones productivas y fortalecer la capacidad exportadora y tecnológica, permitiendo a muchas firmas desarrollar proyectos de gran envergadura con financiación "cuasi propia" sin depender de préstamos externos. El gobierno también pudo financiar, al menos hasta ahora, los déficit con los ahorros de los particulares depositados en el correo o a través de la venta de los bonos de la deuda sin grandes dificultades.
Sin embargo, hoy, la deuda interna pública del Estado y de las prefecturas juntas supera el 160% del PBN anual de Japón (4.5 billones), o sea, está bordeando los 7 billones de dólares. El despilfarro en obras públicas faraónicas de poca rentabilidad y utilidad, construcción y mantenimiento de autopistas que no ofrecen una tasa de retorno mínima, obras públicas a todos los municipios por igual con subsidio del Estado nacional sin tener en cuenta las verdaderas necesidades locales, etc., han creado una situación de endeudamiento que el 41% del presupuesto fiscal debe ser financiado con emisión de bonos públicos y que de los 810 mil millones de dólares que es el monto del presupuesto debe destinar 165 mil para amortizar la deuda acumulada. Los ingresos genuinos del Estado son unos 470 mil millones, pero el resto está siendo financiado con más deuda, por lo que el ahorro público es prácticamente nulo.
Las empresas, al menos las exportadoras y el de las grandes industrias electrónicas que con la venta de impresoras, cámaras digitales, televisores con paneles de cristal líquido, etc, y las de telecomunicaciones que han logrado importantes ganancias, poseen una tasa de ahorro bastante importante, pero para mantenerse en los niveles de alta competitividad interna y externa es muy posible que tengan que destinar gran parte de esos ahorros y depender también de otras fuentes de financiamiento no bancario para seguir invirtiendo en nuevas tecnologías y equipamientos.
Y en cuanto al ahorro de los particulares, los especialistas señalan que hay cerca de 14 billones de dólares, en efectivo en los bancos, en acciones y como se dice vulgarmente "debajo del colchón". Es el doble de la deuda pública acumulada que tiene Japón. Si buena parte de este dinero se destina al consumo y a inversiones productivas no habría nada que temer, señalan algunos.
Sin embargo, la realidad y los números señalan que este ahorro se está mermando para pagar gastos domésticos imprevistos (enfermedad, catástrofes, etc.) y sostener a los jóvenes que no trabajan ni intentan trabajar y a los ancianos que no gozan de jubilación o cobertura social, y aunque cobren no les alcanza. Indirectamente las familias están pagando estos gastos y con la evaporación pos-burbuja económica que tuvieron en la década del noventa en el valor de sus bienes, principalmente inmobiliario, hoy, la tasa de ahorro doméstico es del 6.4% (en 1971 era del 23% y en 1991 era del 15.1%). Comparando con la de los Estados Unidos que apenas llega al 4% se podría decir que es alto, pero si tomamos el 12.2% de Francia y el 10.4% de Alemania se podría decir que es un nivel relativamente crítico que no ofrece demasiado margen de acción para un país que tiene la peor deuda pública (por cierto interna) dentro de los países industrializados.
La disminución de la población activa que en 15 a 20 años va a ser un tema ineludible y el aumento de la carga social para mantener a los pasivos (población mayor de 65 años de edad) que ya está ocupando el 21% de la población total son elementos que preocupan y consumen el ahorro interno de los particulares. O sea, es dinero que no va ser destinado a comprar más bonos de la deuda pública (el 95% son adquiridos dentro de Japón, por empresas y particulares) ni acciones ni bonos de las empresas, y aunque lo hagan no va a ser de la misma manera que ha sido en la década de los setenta y ochenta.
Dentro de este contexto, para que este ahorro vaya a generar más consumo es indispensable aminorar la deuda pública (evitar más gastos innecesarios y superfluos) y la carga financiera (esfuerzos en bajar el pago de intereses) y es necesario que el gobierno ofrecezca una visión más clara y transparente sobre la seguridad social, principalmente sobre la jubilación, para que los jóvenes y activos aporten y asuman los costos necesarios (aumentos en los impuestos y en la carga social) que eviten un colapso, pues si los particulares dejan de comprar estos bonos de la deuda es muy posible que la moneda, el yen, decline e incida negativamente en el poder adquisitivo de los japoneses.
La pérdida de credibilidad en su propia moneda generaría un incremento en las tasas y por ende podría llegar a entrar en el círculo vicioso de la deuda y la inflación, algo que los países de Latinoamérica sí conocen por haberla sufrido en estas décadas y algunos más recientemente, pero que en estos casi 55 años Japón no ha experimentado.
M U S A S H I Nº47 - Año 2004, Setiembre-Diciembre
©J.Alberto Matsumoto-IDEA NETWORK
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